lunes, 7 de marzo de 2011

Bitácora

Bajo las nubes de este cielo federal te escribo estas líneas, para contarte en pocas palabras cuan presente has estado en este viaje.

Estando en el aeropuerto, momentos antes de realizar el check in para abordar el avión, sentí pánico. Temía que al pasar por el detector de metales la policía aeroportuaria se percatara de que en el pecho llevaba algo más valioso que cualquier objeto material que se pudieran imaginar. Pasé disimulando mi disimulo para no llamar la atención, no quería que nadie metiera maliciosamente sus manos en mi pecho y arrancara de mis adentros tu recuerdo. La suerte debió sonreírme pues pude pasar sin inconvenientes.

Llegue a destino convertido en un traficante de recuerdos, lo cual no me genero culpa alguna ya que lo volvería a hacer unas mil o dos mil veces de ser necesario.

Una vez en el hotel desempaque mis maletas, pero no desempaque de mi pecho tu recuerdo ya que no confiaba en las mujeres encargadas de la limpieza de la habitación ¿Cómo reaccionaria yo si al acostarme cayera en la cuenta de que ya no estas en el lugar donde cuidadosamente te había dejado? Seguramente hubiera puesto patas para arriba cada rincón hasta encontrarte.

Una noche la nostalgia me encontró parado en la esquina de Callao y Sarmiento, y fue en ese instante en que sentí la ansiosa prisa por volver cerca de tu orilla. Ya no me importaba si de mi puerta a tu ventana el trecho era largo, estrecho y empinado si de mí se había apoderado la necia necesidad de verte.

Volví al hotel un tanto melancólico y un tanto abatido, repose la cabeza en la almohada y comencé a pensar en cuan diferente sería esta fría habitación si al despertar fuera tu sonrisa la que iluminara los rincones oscuros y no este sol necio que se cuela entre las cortinas dándole a las paredes amarillentas de esta prisión una tonalidad sepia y sombría. Sería tan distinto si el sonido de tu voz acallara en mí el ruido insoportable de esta ciudad y su gente, sólo con tu presencia podría pertenecer y soportar este infierno terrenal, pero estando a medias la lejanía cae sobre mis hombros tornándose insostenible e insoportable.

Ya faltan apenas unos minutos para volver y estoy ansioso por verte y contarte los detalles de este viaje. Loco por decirte que he pensado en ti cada mañana, que me he desvelado cada noche para cuidar desde aquí de tus sueños y que a pesar de la distancia nunca estuve lo suficientemente lejos como para que no escuches el susurro de mis pensamientos.

“Pasajeros del vuelo 1538 con destino a la ciudad de Córdoba abordar por la puerta 8” – Es hora de volver…


A la pequeña de la pequeña nariz. Soy de donde vienes, pertenezco a donde vas.


Juan Cruz Portela

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